25 sept 2011

Mercado de Santo Domingo


El mercado más antiguo de Pamplona abre sus puertas cada día a las 8 de la mañana. A las 10:30 ya está abarrotado.

                                     

Las pescateras se hacen la competencia, pero saben cómo ganarse a su público. No les sorprenden los flashes y continúan con su trabajo, con su día a día.


"Si tú vinieras a cenar esta noche conmigo
yo compraría un pescado y una botella de vino.
Lo pondría tres horas antes en mi sazón secreta
y llenaría la casa con unas cuantas velas"
http://www.youtube.com/watch?v=hOfzR-Mb2bA




Encontramos de todo: fruta, calabazas y algún que otro posible futuro vendedor muy atento para no perderse ningún detalle. 


Todos vienen y van, se paran, piensan en si merece la pena comprar esto o aquello. Comparan precios, sonríen e intentan colarse. Pasan el tiempo, se entretienen, sujetan bolsas. Rutina diaria.

19 sept 2011

BUENAS NOCHES Y HASTA PRONTO

Negro. ¿Por qué no veo nada? No sé dónde estoy... no me acuerdo. Por fin un poco de luz. Nunca he estado aquí antes, es un sitio extraño. ¿Dónde me has traído? Te siento cómoda aquí, tranquila, a tus anchas. Te miras al espejo. Ahora entiendo. ¡Esta es tu habitación! La almohada en el suelo, la maleta sin deshacer, tus zapatillas negras, una gorra... Todo tirado, muy de tu estilo. Me gusta lo que ves cada mañana cuando te levantas, pero se me había olvidado lo mucho que te gusta dormir. El sol lleva ya un buen rato brillando, y los coches van de un lado a otro con prisa. Esa señora que camina con el carro de la compra parece triste, acaba de entrar en tu portal, ¿la conoces? No creo que su chaqueta negra y sus pantalones grises sean el mejor conjunto para un día de verano como el de hoy.

Ya estabas tardando en ir al baño. Me parece muy bien que antes hayas querido despertar a tu pobre hermano, pero limpiarte esas legañas tampoco te viene nada mal. Cuidado no me mojes con el grifo. Tan cerca del agua no por favor, ¡me da pánico y lo sabes! Soy una Nikon demasiado joven como para dejar de funcionar. Vamos a la cocina que tendrás ganas de comer algo. Menudo desayuno te has preparado, sabía que tenías hambre, pero no tanto. ¿Qué persona normal podría con dos yogures, una tostada, un café y un buen trozo de bizcocho?

Nadie dudaría que tu hermano y tú tenéis la misma sangre. ¡Sois iguales! Él un poco más guapo que tú, por supuesto. Qué sonrisa, a ti nunca te mira de esa manera, ¿eh?, me gustaría saber con quién está chateando tan emocionado en el salón. Menos mal que no sabe que le estoy mirando. ¿Qué es eso negro? Un piano. Qué bonito. Se nota que tiene varios años, pero tu madre lo cuida muy bien. Me gustaría escucharle alguna vez, tiene que ser una maravilla. Seguro que tú no has heredado sus dotes artísticas.

Las doce y media. Date prisa que llegamos tarde. Aunque con este armario lleno de ropa que seguro nunca te pones, no creo que sea tarea fácil. Unos vaqueros, una camiseta azul de tirantes y una chaqueta gris por si se levanta el viento. Buena elección. Coge las sandalias que tienes escondidas debajo de la cama y vamos. ¿Ascensor o escaleras? No seas vaga y baja andando, que vives en un segundo. Qué reales parecen las plantas de plástico del portal. Podrías comprarte unas para adornar un poco tu cuarto. Creo que durante tu infancia has aprovechado bien el gran parque que tienes debajo de tu casa, como lo están haciendo ahora esos tres niños con un balón de fútbol. Menos mal que apuntan bien, no me apetece llevarme un pelotazo. Su portería no son más que un par de árboles altísimos en medio del césped. ¿Dónde están las flores? Solo veo castañas caídas. Parecen todas iguales, pero ahora que me fijo cada una es de un tamaño diferente. Un pájaro picotea algo del suelo. Creo que le hemos asustado, ¡cómo vuela! Algún día podrías llevarme a volar contigo, aunque sea en un avión, me encantaría ver las nubes sin tener que mirar hacia arriba.

Adiós paz, hola estrés. Parece que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para sacar a pasear su coche hoy. ¿La gente no sabe que los sábados son para relajarse? Menos mal que tú prefieres caminar. Eso, o todavía no te has sacado el carnet de conducir, que es lo más probable. Atenta al reloj de ese estanco: la una y cinco. Llegas tarde, qué raro. ¿Por qué no te das un poco más de prisa? 

¡Ese chico te ha sonreído, te lo prometo! Cuidado que se acerca, no te pongas nerviosa que te conozco. Viene directo. ¿Es con él con quien habías quedado o qué? Va, por el saludo deduzco que solo sois amigos, ya sabía yo que de momento soy la única capaz de soportarte. Ni se te ocurra, me portaré bien, no haré nada extraño, pero no me pongas la tapa. ¡Por favor! Me asusta la oscuridad ¡Odio cuando me haces esto! Espero que algún día me cuentes la conversación tan interesante que has mantenido, me lo debes.

Los niños de antes ya no están. Estupendo, no creo que al señor de aquel banco se le ocurra tirarme el libro que está leyendo, pero por si acaso será mejor que no le hagas enfadar. Así, despacio, muy bien. Vas aprendiendo. Ya estamos en el portal otra vez, qué gracioso tu vecino. Con menos de seis años ya es más presumido que tú. ¡Hasta posa para mí! Esta vez te dejo que subas en ascensor, pero es la única excepción que hago. Entiendo que los del quinto lo usen más a menudo, pero tú... ¿Dónde se ha ido tu hermano? Ha dejado la cama sin hacer, esto es cosa de familia. Pero por lo menos se le ha ocurrido abrir la ventana para ventilar un poco la habitación. Te ha dejado la comida lista y servida, es todo un caballero. Y no me digas que solo ha tenido que calentarla porque tu madre os lo había dejado todo en la nevera. ¡Qué buena pinta tienen esos cangrejos de río! Y las lentejas mejor todavía. Quizás deberías fregar los cubiertos que has ensuciado, que no son pocos. Vale, de acuerdo, primero puedes comerte el postre, que te veo con ganas de un helado de nata.

Las tres y media. ¿Qué podemos hacer? Seguro que echan algo por la tele. Alguna película de amor de esas que te gustan tanto a ti. ¿Hola? ¿Estás ahí? ¡Hazme caso! Ya te has vuelto a quedar dormida, eres un caso perdido. Espero que luego me lleves a conocer lugares nuevos como compensación.

No puede ser, el reloj del salón marca las cinco. ¡Hemos perdido la mitad de la tarde! Está bien, ya dejo de exagerar. ¿Para quién te pones tan guapa? No sé por qué te cambias de ropa de nuevo. ¡Me gusta esa camiseta de manga larga blanca con rayas azules! ¿A dónde vamos? Esta mañana también hemos venido por aquí, solo que ahora ya no hace sol y me estoy quedando helada. Gira a la izquierda, prefiero ese camino. Veo que empiezas a hacerme caso, al final me vas a caer bien y todo. Espera a que se ponga en verde, no cruces mal como esas chicas. ¿Tú eras igual a su edad? Las tres agarradas del brazo, caminando casi con el mismo pie y cuchicheando a escondidas. Parecen contentas. No como el conductor del mercedes negro que sale del parking. No nos gritará a nosotras, ¿no?

¡Cuánta comida! Regalices, piruletas, bolsas de pipas, caramelos... Estamos rodeadas de dulces riquísimos. No me lo puedo creer, ¿vas a comer de nuevo? Espero que compres algo sano. Qué simpática la dependienta, no para de sonreír. Seguramente solo intente vender más siendo amable. Menuda cola, has ido a aparecer en hora punta. Por fin terminan la señora, el niño y la niña que tenías delante. Es tu turno. ¿Un euro con veinte? ¡Pero si solo has cogido un par de piruletas y una bolsa de patatas! Ya las puedes saborear bien.

Soy muy vergonzosa, si no te lo había dicho, te lo digo ahora. ¿Cómo se te ocurre traerme a un sitio con tanta gente? Deduzco que estamos con unos catorce chicos y cinco chicas. Todos te conocen y te saludan, hasta los que están jugando a la play station, qué popular. ¿Aquí es donde pasas las tardes con tus amigos? Es un local muy bonito. Por lo que veo sois muy prácticos: tres sofás, dos sillones, una mesa, la tele... Tenéis hasta un microondas para calentar la comida. Aunque el color verde de la pared no pega nada. Ahora entiendo por qué preferís escribir en las paredes cualquier tontería y poner banderas de vuestros equipos de fútbol. Es solo para disimular ese color tan cutre. Y me imagino que acabáis de limpiar, está demasiado limpio, y como sean todos igual de desordenados que tú... ¿Quién es esa que se acerca? Esa sonrisa no me gusta nada. Va a pedirte algo. No. ¡No! Ahora que empezábamos a llevarnos bien no puedes hacerme esto. Gracias. Sabía que podía confiar en ti y que no me alejarías de tu lado. Fútbol. ¿No echan nada más por la tele? Están todos muy concentrados. Y tus amigas parecen muy interesadas en lo que cuenta la de blanco. Pelo negro, largo, piel blanca y delgada. Le sientan bien las uñas rojas. Contrastan con el resto. ¡Mira! ¡Ese se ha quedado dormido! Seguro que se ha pasado toda la noche despierto.

“Indartsu”. Bonito nombre para un bar. Todos nos hemos venido aquí, seguramente por el calor agobiante que hacía en el local. No sé por qué, creo que no es la primera vez que vienes aquí. La camarera no se sorprende al verte conmigo. Ayuda a colocar las mesas fuera, no seas comodona. Empieza a anochecer. El grupo de amigos de la mesa de al lado se mueve. Se levantan y empiezan a recoger sus cosas. Creo que ese me ha pillado. Sí, y me mira mal. ¡Tierra trágame! Tranquilo, ¿cómo puedo explicarte que no quedará ni rastro de ti en mi memoria?
El viento se lleva las hojas de la carretera. Está siendo un día duro. Tengo ganas de ir a casa, pero no corras mucho que hay buen ambiente por la calle. La gente ha quedado, elegante, se preparan para una noche muy larga. A nosotras nos apetece más ir a ver una película y a cenar con tu hermano, ¿a que sí? Ya veo tu balcón. Llama la atención con esas flores multicolores. Tu madre es una artista.

¡Todo al sofá! ¡Claro que sí! Cuelga el bolso por lo menos, ¿no? Mete la pizza al microondas y vamos a cenar al salón. Igual es mejor que te pongas el pijama, estarás más cómoda. ¿Cuándo lo compraste? ¿Hace un siglo? Con esos ositos y corazones parece más el de tu prima pequeña. No hay nada en la tele. Ni en tve, ni en antena 3, ni en telecinco. Se te cierran los ojos. Las once y media. Hora de acostarse. Un salto y a por el cepillo de dientes. ¿Cuántos sois en casa? ¿Sólo cuatro? Tenéis cepillos para toda una legión. Pareces cansada. La cama así medio abierta te llama. Apagas la luz. La habitación se llena de reflejos de focos de los coches, de luz de farolas, de gente que todavía sigue despierta. Tú y yo ya compartiremos más emociones, más momentos juntas. Aunque me cueste reconocerlo, te estoy cogiendo un poco de cariño. Solo un poco ¡eh! Todavía tienes que hacer más esfuerzo, pero vas por buen camino, no lo niego. Buenas noches y hasta pronto.

11 sept 2011

Centenario














“Ocurrió hace 50 años, más o menos. Sobrevivió. Fueron pocos los que lo consiguieron. Este tuvo suerte. O quizás es que tenía que ser así. El incendio arrasó con todo, pero los robles son fuertes, ¿sabes?”. Me lo cuenta como si él mismo hubiese estado allí, cosa imposible, ya que en aquella época todavía no se había planteado siquiera el trasladarse a ese rincón escondido de un pueblecito como Pobes. Aunque a sus 70 años se desenvuelve con soltura entre zarzas y espinos, la edad deja huella y se sienta a descansar. Observo el roble que tanto admira este hombre. Alto, elegante. Con más de cien años todavía tiene ganas de vivir, no se da por vencido por mucho que empiecen a asomar ramas secas, negras, muertas. Es curioso lo unidas que pueden llegar a estar la vida y la muerte.